Premonición o profecías autocumplidas
11:11, segunda parte.
Cuando los números juegan con nosotras
Hace poco os contaba cómo el 4 y el 8 se repetían en mi vida como un eco misterioso y claro, me puse en modo alerta esperando un gran suceso o revelación el 4 de agosto.
¿Y sabéis qué pasó? Pues nada de nada. Nada, a excepción de una conversación que tuve al final del día con alguien muy cercano y que removió los cimientos de mi vida. Vale; no fue un suceso dramático al estilo de hollywood, pero sí algo que traerá cambios profundos en mi vida.
Y a raíz de esto surge la gran pregunta: ¿fue una auténtica premonición o ha sido mi subconsciente el que provocó de alguna forma esa conversación?
La psicología tiene un nombre para esto: profecía autocumplida. Es cuando una creencia o expectativa (consciente o inconsciente) influye en cómo pensamos, sentimos o actuamos, hasta el punto de empujarnos a hacer que esa “predicción” se cumpla sin darnos cuenta. El término se usa en sociología y psicología social, educación y hasta en economía.
Esta idea no solo funciona con nosotras mismas, también se extiende a cómo nos relacionamos con otras personas. Por ejemplo si desde el principio piensas que alguien te va a caer mal, seguramente le hables con frialdad o pongas cierta distancia. Esa persona lo percibirá de alguna forma (posiblemente también inconscientemente), reaccionará igual de fría contigo… y ¡zas!, terminas confirmando lo que “ya sabías”: ese “fulano” no te cae bien.
En cualquier caso, al final no hay tanta distancia entre la ciencia y la magia (es más, creo firmemente ue algún día será nuestra aliada): en el fondo, ambas reconocen que lo que creemos influye en lo que nos pasa. La ciencia recurre a la psicología para explicarlo mediante la teoría de la “profecía autocumplida” y nosotras creemos que cada pensamiento, cada emoción y cada intención vibra y se expande más allá de nosotras, como ondas en el agua, modificando de alguna forma nuestra vida.
Ahora, muchos llaman a esta idea la “ley de la atracción”, es decir: atraemos lo que proyectamos, de forma que si creemos firmemente en algo, estamos enviando energía, intención o vibración hacia ello, y eso aumenta las probabilidades de que ocurra (aunque no siempre de la manera que imaginamos).
Sea como fuere, lo que está claro es que nuestras creencias moldean nuestra conducta, y nuestra conducta afecta la realidad que vivimos y la pregunta que os lanzo a vosotras es:
¿Son realmente señales y premoniciones que nos avisan de algo? ¿O somos nosotras, con nuestra intuición y energía, las que acabamos atrayendo lo que tememos o lo que necesitamos?
Bueno, espero que os haya parecido interesante,
Y si queréis saber como fue el final de la historia; días mas tarde me dieron la noticia de un suceso que pondría los pelos de punta a cualquiera. Así que le pregunté a mi marido (que sabe de mis intuiciones y premoniciones):
—¿A qué hora ha sucedido?
—Sobre las 14:30 —me contestó.
—Pues no he percibido nada, pero nada de nada: ni una vibración, ni un escalofrío, ni un aviso cósmico.
Y viendo la cara de mi marido , pienso: “¿Ves? No me tengo que agobiar, no siempre acierto». Pero claro, yo y mis cábalas con los números…
—Por cierto, ¿qué día es hoy?
—Trece de agosto.
—¡Ajá!; 1+3 = 4… y agosto = 8, le digo a mi marido entre risas nerviosas
No puedo evitar pensar que, de alguna forma, o el universo te sonríe o bien se ríe de ti; En la rueda de la fortuna, parece que no hay término medio.
Sea como sea, no dejéis de escuchar vuestra intuición, porque a veces es ella la que nos guía en silencio, aunque no siempre entendamos cómo ni por qué.
Y mientras tanto, yo seguiré atenta a las señales… porque si algo me ha enseñado la vida es que, aunque no siempre las comprendamos, no suelen aparecer en vano.
Fotografías:
-Portada: Foto de Priscilla Du Preez en Unsplash
